autoestima

Autoestima

La autoestima se define como el aprecio que se tiene uno mismo, lo cual se convierte en un sentimiento de apreciación por quien uno es, aceptándose con sus virtudes y defectos, o bien, si falta autoestima, se convierte en un sentimiento de autodesprecio, entrando en la crítica desmedida y en un sinfín de juicios despiadados y autorreproches. Y, entre estos dos extremos, caben muchos matices.

 

La autoestima se construye en la infancia a través de la relación con los cuidadores principales. Si uno de niño ha tenido la suerte de contar con cuidadores empáticos, emocionalmente maduros y emocionalmente disponibles, se establecen las bases de una buena autoestima. En cierto modo, de niños somos como espejos, si hemos tenido suerte recibimos la imagen especular de que valemos, que somos importantes, que somos dignos de ser amados, etc. Esto lo recibimos a través de las expresiones faciales, de los comportamientos y de las actitudes de nuestros cuidadores principales. Y lo mismo, si no hemos tenido tanta suerte y nuestros cuidadores no estaban emocionalmente disponibles, en nosotros puede quedar gravado a fuego sentimientos y creencias de tipo “no soy suficiente”, “no soy importante”, “no soy digno de recibir amor”, “molesto”, “soy malo” etc. Veamos algún ejemplo:

 

Piense en una madre deprimida, sin fuerzas para levantarse de la cama, sumida en la tristeza, etc., si tiene un niño pequeño es muy probable que el niño al mirarla sienta esa tristeza, ese cansancio y que al no sentirse visto con ojos amorosos interprete que no es importante, que molesta o que no es digno de ser amado. Otras condiciones negativas como un cuidador demasiado ansioso o preocupado, adicciones en la familia, cualquier tipo de malos tratos, un ambiente triste en el que no exista el juego y el disfrute, etc. también dará lugar a sentimientos de falta de autoestima. Evidentemente no es todo tan simple, la realidad es mucho más compleja y existen muchas variables intermedias. Por ejemplo, no siempre que una madre esté deprimida se va a producir directamente una falta de autoestima en su hijo, aquí será crucial la capacidad de la madre y de otros adultos cercanos de reflexionar junto al niño, de poder explicarle en un lenguaje que comprenda lo que le está pasando, así el niño va comprendiendo sus propios estados mentales y emocionales, viendo que son diferentes a los de su madre y que él no es responsable de lo que le pasa a su madre. A esta capacidad o conjunto de capacidades Peter Fonagy las denomina mentalización. También será de vital importancia el papel que jueguen otros adultos, puede que la madre esté deprimida, pero si hay algún adulto cercano (tías, abuelos, etc.) emocionalmente disponible ese niño puede elaborar y gestionar correctamente la situación que vive con su madre sin que le lleve a la falta de autoestima u otros problemas significativos. hands-423794_1920

 

Por otro lado, es necesario entender que nuestra autoestima tiene un nivel de estabilidad considerable, esto significa que aunque se puede modificar por la experiencia, tal modificación no suele ser inmediata y que los esquemas cognitivos, emocionales y conductuales que implican a la autoestima pueden ser extraordinariamente resistentes al cambio. Así pues, personas con una buena autoestima suelen correlacionar con un estilo de apego seguro, suelen tener mayor capacidad de resiliencia y de hacer frente a la adversidad, y, cuando las cosas se ponen mal en su interior aparecen sentimientos de valía, de poder hacer frente a las circunstancias, de pedir ayuda si fuera necesario sin sentirse un fracaso o sin sentir vergüenza por ello, etc. Y en el otro polo, en una persona con la autoestima baja aparecerán creencias negativas, por ejemplo, “soy tonto”, “no valgo”, “soy feo” junto a los sentimientos asociados a estos pensamientos, y, aunque la experiencia vital le aporta datos que contradigan esas creencias, por ejemplo, pueden tener estudios superiores, contar con el reconocimiento de los propios compañeros de trabajo, etc. la persona es posible que aun siga pensando “soy tonto”, y en caso de la creencia “soy feo”, aunque los demás lo vean atractivo, aunque esculpa su cuerpo en el gimnasio o recurra a la cirugía estética es muy posible que se vea feo, de hecho mucha gente que se obsesiona con su físico suele ser una reacción defensiva a una carencia de fondo, a sentimientos de falta de valía y autoestima.

 

¿Entonces, cuando la autoestima está baja, cómo cambiar?

pin-board-978197_1280Lo primero es darse cuenta del problema y en la medida de lo posible comprender su origen, las creencias negativas arraigadas en el autoconcepto junto a los sentimientos asociados (vergüenza, falta de valía, etc.) han tenido un origen concreto, unas preguntas que suele hacerles a mis pacientes cuando me hablan de creencias negativas y sentimientos relacionados con la baja autoestima son “¿dónde aprendiste eso?”, “¿de quién lo aprendiste?”, “¿en qué contexto?”, etc. Hacer esto nos ayuda a establecer un significado, además, podemos ver que nuestras dificultades no vienen de la nada, este es el primer paso, reconocer el origen y lo ilógico de dichas creencias y sentimientos que minan la autoestima. Sin embargo, no suelen ser suficientes en muchos casos para producir un cambio profundo. Como decía más arriba aunque la persona tenga experiencias que contradigan estas creencias, están tan arraigadas que incluso la experiencia a veces no es suficiente para disolverlas y dar paso a creencias, sentimientos y maneras de funcionar más adaptativas. Cuando esto ocurre es tiempo de la psicoterapia, ciertas psicoterapias como el EMDR permiten “reprogramar el cerebro emocional”. El cerebro límbico o emocional, sede de las emociones y por ende del bienestar psicológico o el malestar, es muy poco accesible mediante el lenguaje, por ejemplo, una persona que sufre estrés postraumático después de un accidente de tráfico, racionalmente sabe que ya no está en peligro, que este ya ha pasado, sin embargo, su corazón se acelera hasta provocar ansiedad cada vez que sube a un coche, esto es, esta capa del cerebro es muy poco permeable a la razón y al lenguaje. Psicoterapias como el EMDR permiten acceder al cerebro emocional, para reprogramarlo y adaptarlo al presente. El  neurocientífico, psiquiatra y psicoterapeuta David Servan-Schreiber lo explica muy bien en su libro Curación Emocional: “los desórdenes emocionales son consecuencias de disfunciones de este cerebro emocional. En muchas ocasiones, estas disfunciones tienen su origen en experiencias dolorosas vividas en el pasado, sin relación con el presente, pero que se hallan impresas de manera imborrable en el cerebro emocional. Estas experiencias acostumbran a controlar nuestras percepciones y comportamiento, a veces varias decenas de años después” Así pues, la falta de autoestima en muchos casos está producida por creencias negativas fuertemente arraigadas junto a sus sentimientos asociados, tienen su origen en la infancia y se suelen perpetuar en el presente y proyectar hacia el futuro, ya que sutilmente actúan como filtros de la realidad, es como llevar unas gafas mal graduadas que distorsionan la realidad, lo que pensamos y sentimos suele estar teñido por los tonos del “allí y entonces” más que de lo que está ocurriendo “aquí y ahora”, a veces es como si lleváramos un disco rayado que siempre aburre con las mismas canciones en lugar de ajustarse a las melodías del presente (aquello que nos gustaría pensar y sentir, más acorde con la realidad presente y menos condicionado por el pasado).

 

El trabajo en psicoterapia termina cuando “el pasado ha pasado”, esto es, cuando ya no interfiere en el presente y la persona ha desarrollado los recursos y habilidades suficientes para afrontar su presente y su futuro, creativamente, desde su libertad, responsabilidad y libre albedrío, a partir de ahí la mejor terapia es la propia vida, bueno, en realidad siempre es esta, lo que pasa es que en determinados momentos necesitamos de ayuda profesional.