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Anatomía del deseo

El deseo bien entendido nos permite acercarnos a nuestros verdaderos anhelos y no, ni el universo conspira a tu favor ni en tu contra.

 

El deseo bien entendido nace desde adentro y no de la publicidad. No suelen ser deseos auténticos un Ferrari, coleccionar amantes ni tener un físico escultural. El deseo auténtico es constante y sencillo: por mucho que intentes anestesiarlo ahí seguirá. Podrás distraerte de lo que anhelas de mil formas, pero no por ello dejarás de anhelarlo. Por ejemplo, si deseas aceptarte a ti mismo y ser querido tal cual eres de nada servirá que inviertas todo tu esfuerzo en tener un cuerpo 10, en comprar ropa de marca, en compensar tu falta de autoestima con artificios y maquillajes.

 

Claro que es bello y nos hace sentir bien arreglarnos, vestir ropa que nos siente bien, pero cada cosa en su sitio: si nos machacamos por tener un poco de tripa, por no tener una parte del cuerpo perfecta, o por no vestir con ropa de marca, no parece buena idea hacerle caso a esa voz machacona, que nos exige perfección. En vez de cumplir con su loco mandato podemos cuestionarlo ¿Qué y cómo me hablo a mí mismo? (muchas veces nos tratamos como nuestro peor enemigo y si otra persona nos hiciera algo semejante acabaría como mínimo en los tribunales por acoso psicológico y maltrato) ¿Dónde aprendí a ser exigente y perfeccionista conmigo? (Es probable que en nuestra infancia hayan existido personas significativas: padres, profesores o familiares que lo han sido con nosotros, o simplemente nos mostraban más afecto y cariño cuando no éramos nosotros sino cuando actuábamos en base a sus propias necesidades) ¿Me ayuda decirme esto de esta manera? ¿Y hacerle caso a este pensamiento? ¿Le diría esto de esta manera a una persona a la que quiero? ¿Qué me ayudaría decirme a mí mismo?

 

Los deseos genuinos tienen que ver más bien con atender a nuestras verdaderas necesidades ¿Me relaciono con personas que me estimulan, me aportan bienestar y me hacen sentir vivo, o más bien estoy con gente que ni fú ni fá, o me meto en relaciones tóxicas? ¿Qué le aporto yo a mis seres queridos? ¿Arrastro heridas emocionales que no me permiten disfrutar y me llevan a tropezar con las mismas piedras o mi vida fluye óptimamente? ¿Mi vida tiene significado y sentido para mí o necesito siempre la novedad y el estímulo para no sentirme vacío?

 

En terapia puedo constatar que uno de los factores que posibilitan el cambio, la mejora en la sintomatología y en que la persona pueda hacer ese cambio de vida acorde a sus valores es el deseo genuino de sanar, de cambiar aquello que no les hace bien.  El deseo cuando está bien enfocado permite sacar fuerzas de flaqueza, da valor para enfrentarnos a nuestros fantasmas y a las adversidades de la vida

 

No creo que se trate de dejar de desear, se trata de redirigir el deseo hacia los asuntos importantes. El deseo es la fuerza de la vida, nos da motivación, esto es, nos mueve a la acción, a actuar, la cuestión es ¿actuamos sensatamente y en la dirección que nos hace sentir bien y satisfechos o andamos como pollo sin cabeza?