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Sabiduría

Jack Kornfield pertenece a la primera generación de maestros budistas occidentales. Como la mayoría de ellos ha experimentado las bondades y beneficios de la práctica de la meditación en su cuerpo, mente, emociones y relaciones. Sin embargo, no es menos cierto que esta generación de pioneros se topó con el desgarrador dolor de las heridas emocionales provenientes de la primera infancia con el correspondiente lastre y limitaciones que se arrastran durante buena parte de la vida así como el resto de traumas y asuntos inconclusos, para los que en términos generales, las enseñanzas budistas no alcanzan por sí solas para sanas estas profundas heridas.

 

El budismo nació en una sociedad donde en general los bebés humanos podían satisfacer una de las necesidades más importantes, obvias y frecuentemente obviadas: el contacto piel a piel, base de la autoestima y de la posibilidad de tener un yo sano e integrado. En términos generales en estas sociedades el cachorro humano es alimentado mediante lactancia materna a libre demanda y se le da mucha importancia a la no separación temprana de la díada madre – bebé: la madre suele transportar al niño en contacto con su cuerpo y suelen ser tradicionales los masajes. Todo esto favorece el vínculo, la construcción de una personalidad sólida y fomenta las bases de la autoestima, la fortaleza, la integridad y la virtud. Conforme el niño va creciendo se favorece la autonomía del mismo, en otras palabras, al niño se le dan raíces y alas.

 

En su libro “Camino con corazón: una guía a través de los peligros y promesas de la vida espiritual” Kornfield hace gala de una profunda sabiduría, visión interior y de un corazón compasivo. Vivimos en los tiempos del Mc – Mindfulness, donde ciertas personas equiparan la práctica de la meditación a una cadena de comida rápida, a un Mc Donals´s, creando falsas ilusiones. Por ejemplo, pensar que con hacer un poco de meditación se van a solucionar problemas emocionales o psicológicos serios, o que ésta por sí sola va conseguir levantar una autoestima que está baja por numerosos traumas que amenazan nuestra línea de flotación, o peor aún, utilizar la meditación para alienar aún más a las personas: ahora empresarios avaros en lugar de proporcionar salario digno y buenas condiciones laborales pagan a sus infelices empleados un curso de mindfulness para gestionar el estrés y “que sean felices”, así nos hacen el lío, se traslada al trabajador toda la responsabilidad: “no eres feliz porque no sabes gestionar tu estrés, no eres competente por culpa tuya” en lugar de “tienes una carga de trabajo desmedida y unas condiciones laborales y salariales que son una mierda” Resumiendo, ciertos sectores tratan de descafeinar unas enseñanzas que constituyen parte del patrimonio espiritual de la humanidad, enseñanzas que apuntan a una transformación radical de la persona y por ende de la sociedad. Estos sectores intentan convertir el fiero león del Dharma en un gatito castrado y manso. Por fortuna junto a esta degradación coexiste una transmisión valida y adaptada a los occidentales de la meditación y el mindfulness. Muchas personas se esfuerzan en dar a conocer estas potentes tecnologías de la consciencia de manera fiel y válida. Jack Kornfield es uno de los ejemplos y sus palabras ilustran fielmente la complejidad, los vericuetos y los grandes beneficios de la meditación y otros sistemas de sanación, os dejo con ellas:

 

“Mi propia práctica ha sido un viaje de descenso, en contraste de lo que solemos pensar de nuestras experiencias espirituales. A lo largo de los años he ido trabajando los chakras (los centros de energía espiritual del cuerpo) en sentido inverso, hacia abajo, en lugar de hacia arriba.

 

Aunque había vuelto del monasterio con una mente clara, abierta y con un espíritu elevado, en resumen descubrí a través de mis relaciones, en la casa comunitaria en que vivía, y con mi trabajo de licenciado, que mi meditación me había ayudado muy poco en mis relaciones humanas. Seguía siendo emocionalmente inmaduro y expresaba los mismos patrones dolorosos de culpa y miedo, aceptación y rechazo que tenía antes de mi entrenamiento budista; el terrible añadido era que ahora empezaba a ver dichos patrones con más claridad. Podía llevar a cabo meditaciones amorosas para miles de seres, pero tenía grandes problemas a la hora de relacionarme con una sola persona, aquí y ahora. Había utilizado en la meditación la fuerza de mi mente para reprimir los sentimientos dolorosos, y muy a menudo ni siquiera me daba cuenta de que estaba enfadado, triste, apenado o frustrado, hasta mucho después. No había examinado las raíces de mi infelicidad en las relaciones. Gozaba de poca destreza para manejar mis sentimientos, embarcarme a nivel emocional o vivir sabiamente con mis amigos y seres queridos.

 

energy-1306315_1920Estaba forzado a variar totalmente mi práctica, bajando por mis chakras de la mente al corazón. Inicié el largo y difícil proceso de reclamar mis emociones, de llevar la consciencia y mi comprensión a los patrones de relación, de aprender cómo expresar los sentimientos y qué hacer con las poderosas fuerzas de la comunicación humana. Lo hice a través de terapia individual y de grupo, mediante meditaciones centradas en el corazón; a través de la psicología transpersonal, y mediante una serie de relaciones tanto exitosas como desastrosas. Lo hice examinando mi familia de origen y mi historia temprana, llevando esta comprensión a mis relaciones en el presente. Finalmente, ello me condujo a una relación, en principio difícil, que ahora se ha convertido en el feliz matrimonio con mi mujer, Liana, y que ha dado fruto a una bella hija, Caroline. Poco a poco, empecé a comprender este trabajo del corazón como una parte integral de mi práctica espiritual.

 

Tras concentrarme otros diez años más en el trabajo emocional y el desarrollo de mi corazón, me di cuenta de que había olvidado mi cuerpo. Al igual que mis emociones, había incluido a mi cuerpo sólo de un modo superficial en los primeros pasos de mi práctica espiritual (…) descubrí que más que habitarlo, había utilizado mi cuerpo.

 

Vivir en este precioso cuerpo animal, en esta tierra, es una parte tan importante de la vida espiritual como cualquier otra. Al empezar a rehabitar mi cuerpo descubrí nuevas áreas de temor y dolor, que me alejaban de mi verdadera naturaleza, del mismo modo que había descubierto nuevas áreas de temor y dolor al abrir mi mente y mi corazón.

 

A medida que mi práctica bajaba por los chakras, se volvió más íntima y personal. En cada paso del camino, se exigía más honestidad y cuidado. Mi práctica también se había vuelto más integrada. El modo en que trataba a mi cuerpo no estaba desconectado del modo en que trataba a mi familia o del compromiso que tenía con la paz mundial.

 

Paulatinamente, sin embargo, se me hizo evidente que en el caso de la mayoría de nosotros, el mismo esforzarse aumentaba los problemas. En aquello en que tendemos a ser críticos, nos volvemos más críticos con nosotros mismos en nuestra práctica espiritual. Donde nos hemos separado de nosotros mismos, negando nuestros sentimientos, nuestros cuerpos y nuestra humanidad, la lucha hacia la iluminación, o alguna meta espiritual, sólo hace que aumentar esta separación. Donde se ha asentado un sentido de menoscabo o baja estima – con temor de nuestros sentimientos o crítica de nuestros pensamientos – ello se ve reforzado por la lucha espiritual. Pero, al mismo tiempo, sabía que la práctica espiritual era imposible sin una gran dedicación, energía y compromiso. Si no era de la lucha y del idealismo ¿de dónde tenía que llegar?

 

Lo que descubrí fue una maravillosa noticia. Para abrirnos totalmente, como exige la auténtica vida espiritual, necesitamos mucho valor y fuerza; una especie de espíritu guerrero. Pero el lugar de esta fuerza del guerrero es el corazón. Necesitamos energía, compromiso y valor para no huir de nuestra vida, ni enmascararla con filosofía alguna, material o espiritual. Necesitamos un corazón de guerrero que nos permita afrontar directamente nuestras vidas, nuestros dolores y limitaciones, nuestras alegrías y posibilidades. Este valor nos permite incluir cualquier aspecto de nuestras vidas en nuestra práctica espiritual: nuestros cuerpos, nuestra familia, nuestra sociedad, la política, la ecología de la tierra, el arte, la educación. Sólo entonces podrá integrarse, verdaderamente la espiritualidad en nuestras vidas.

 

¿Si no es aquí dónde daremos vida a la compasión, justicia y liberación?

Un sentido integrado de la espiritualidad entiende que si hemos de aportar luz, sabiduría o compasión al mundo, hemos de empezar por nosotros mismos”

 

Jack Kornfield “La sabiduría del corazón” (Editorial La liebre de marzo) Recomiendo todos los libros de Jack pero en especial este. “La liebre de marzo” es una deliciosa editorial que nos ofrece libros llenos de sabiduría y sobre temas que son relegados e incluso demonizados por la prensa sensacionalista y los medios de comunicación de masas. Doy las gracias a los amigos de la liebre de marzo y os invito a visitar su web: http://www.liebremarzo.com/