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SOBRE LOS LÍMITES

Quizás el título del artículo no motive lo suficiente como para seguir leyendo o prestar la suficiente atención, pero el asunto es serio, muy serio ¿Sabes decir Sí cuando quieres decir Sí y NO cuando quieres decir no? ¿O frecuentemente andas enredado, diciendo Sí cuando quieres decir No o expresando un No cuando quieres decir Sí? Pues bien, todo esto (y mucho más) tiene que ver con los límites.

 

La RAE define el límite como la línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países o dos territorios. Esto es, es una frontera, algo que separa física o psicológicamente dos entidades diferentes (personas, territorios, conceptos, etc.)

Hoy en día la palabra límite tiene mala prensa, muy mala prensa. La literatura de autoayuda pregona y nos exhorta: “supera tus límites”, “supera tus creencias limitantes”, “ve más allá del límite”, etc., etc., etc.

 

Sin embargo, el límite no es en sí mismo malo, de hecho es una función básica e indispensable para la vida: desde la célula más sencilla hasta un organismo complejo como el ser humano, cualquier forma de vida necesita de límites. En el caso de la célula suele ser la bicapa lipídica, una capa semipermeable que separa a la célula del entorno y al mismo tiempo le permite contactar con él para satisfacer sus necesidades. De modo similar, en el ser humano, uno de los principales límites es la piel, la piel es la frontera, delimita el organismo que somos del ambiente, y al mismo tiempo nos permite hacer con-tacto con el ambiente (mediante el sentido del tacto captamos y transmitimos información sensorial y emocional, al mismo tiempo la piel tiene otras funciones como la transpiración y la excreción, en otras palabras, funciona de un modo más complejo pero de manera similar a la bicapa lipídica de las células). svinesund-1545927_1920

A nivel biológico, lo contrario del límite (límite implica la capacidad de contenerse a sí mismo, esto es, la autocontención) sería el proceso oncogénico, en otras palabras, el cáncer. Los procesos de crecimiento celular se caracterizan por estar autocontenidos dentro de unos límites funcionales, pero en el cáncer ocurre a la inversa, un grupo de células mutantes escapa a los mecanismos de control del organismo y empieza a proliferar descontrolada y masivamente de tal manera que si no se interrumpe este proceso puede acabar con la vida de la persona ¿No será algo similar lo que estamos haciendo con el planeta mediante el delirante modelo del crecimiento económico ilimitado y nuestra falta de límites? Para ilustrar esto me gustaría citar una reflexión del psicoanalista francés Didier Anzieu que en su libro “El yo piel” expone:

 

Si me sintiera obligado a resumir la situación de los países occidentales y quizás de toda la humanidad en este siglo XX que termina, pondría el acento en la necesidad de poner límites: a la expansión demográfica, a la carrera de armamentos, a las explosiones nucleares, a la aceleración de la historia, al crecimiento económico, a un consumismo insaciable, al progresivo distanciamiento entre países ricos y tercer mundo, al gigantismo de los proyectos científicos y de las empresas económicas, a la invasión de la esfera privada por los medios de comunicación de masas, a la obligación de batir sin cesar records al precio del superentrenamiento y del doping, a la ambición de ir siempre más rápido, más lejos, siempre a lo más caro a costa de aglomeraciones, de tensión nerviosa, de enfermedades cardiovasculares, del desagrado de vivir. Poner límites tanto a la violencia que se ejerce sobre la naturaleza como sobre los seres humanos; a la contaminación del aire, de la tierra, de las aguas, al despilfarro de la energía, a la necesidad de fabricar todo aquello de lo que se es técnicamente capaz, aunque sean monstruos mecánicos, arquitectónicos o biológicos; a la liberación de las leyes morales, de las reglas sociales, a la afirmación absoluta de los deseos individuales, a las amenazas de los avances tecnológicos contra la integridad del cuerpo, a la libertad de las mentes, a la reproducción natural de los humanos, a la supervivencia de la especie.”

 

Ahora vamos entrando en materia y espero que nos vayamos entendiendo ¡libérate lector de la falta de concentración y de la dispersión tan presente en nuestra época! A nivel psicológico y psicopatológico no es de extrañar que estén creciendo como setas los trastornos límites o fronterizos, siendo el más representativo de estos el Trastorno Límite de la Personalidad o TLP,  las personas que lo parecen son incapaces de regular sus estados emocionales, son tremendamente impulsivas y las emociones les desbordan, siendo incapaces de contenerlas (para contenerlas hace falta un límite, la vasija es capaz de contener el agua mientras no tenga grietas, mientras mantenga sus límites). El TLP no es una moda diagnóstica, existe y las personas que lo padecen sufren muchísimo siendo frecuentes las autolesiones e intentos de suicidio. La etiología (causa) de esta enfermedad es multifactorial y aún no está del todo esclarecida, pero se sabe que entre otros factores, en muchos casos están presentes el haber sufrido traumas severos en la infancia (abuso físico, sexual o negligencia en el cuidado emocional del niño) junto a una falta de apego seguro… Hay un proverbio indio que dice “hay dos regalos que debemos ofrecer a los niños: uno son las raíces y el otro son las alas”, ambos tienen que ver con los límites. Lo primero son las raíces: durante el primer año de vida (y las investigaciones punteras apuntan que también durante la vida intrauterina) el ser humano es un organismos sensorial y emocional, el bebé aún no tiene consciencia de ser alguien separado, es decir no hay límite, cuando experimenta displacer (hambre, frío, necesidad de cariño y cercanía emocional) llora, y en esto no hay woman-1006100_1920ninguna manipulación como sostienen algunos. Así, cuando en esta etapa las necesidades fisiológicas y emocionales son atendidas suficientemente se desarrolla en palabras del neurólogo, psiquiatra y psicoterapeuta Juanjo Albert un sentimiento básico de confianza en la existencia y en el medio, es decir, a nivel corporal (mediante sensaciones y emociones) queda grabado en la persona que el mundo es un lugar capaz de satisfacer las necesidades fisiológicas y afectivas. Por el contrario, cuando la negligencia ha sido mayúscula y se han descuidado las necesidades afectivas del bebé, cuando esa persona se convierte en adulto suele aparecer dependencia emocional crónica, miedo al abandono y una sensación de vacío que muchas personas la sienten en el pecho… pues bien, estos son (entre otros) algunos de los síntomas característicos del TLP y en general y también con menor gravedad e intensidad aparecen en muchos otros problemas. En cuanto a que a los niños hay que darles alas esto presupone que los adultos que les cuidan tienen suficientes raíces y alas, esto es, están en contacto con los límites reales, tienen un yo sólido y bien formado y transmiten esta manera de ser y de estar en el mundo a sus hijos. Si cuando fuimos niños esto se dio establecemos unos límites reales, claros y bien definidos, estas son las bases para un adecuado desarrollo.

 

Por desgracia, en muchos adultos suelen faltar “raíces y alas” bien establecidas, y claro está, sin raíces no hay centro y sin centro hay dispersión ¿Os suena la expresión “esa persona está volada” o “es un volado”? En nuestra sociedad frecuentemente hay padres que se comportan como adolescentes (falta de límites y de claridad en los roles) y en estas circunstancias se invierten los papeles y los hijos hacen de “padres de sus padres”, en estas circunstancias el caos está asegurado. Así cuando el hijo crece se convierte en un adulto sin raíces, sin centro, y esto ya es en sí grave, decía Fritz Perls:

 

Sin un centro estamos perdidos,

Nos tambaleamos sin tomar posiciones.

Sí: desatento, sin gracia equilibrada,

Sí: gelatina y rigidez,

Caracterizan al hombre moderno

De mil novecientos sesenta.

.

 

Que con un centro sano,

Hay excitación lo suficientemente fuerte:

Para estar vivo.

(Para estar vivo)

Y ser creativo.

(Y ser creativo)

Y verdadero.

(Y verdadero)

Y en contacto.

(Y en contacto)

Y entero ahí.

Y plenamente consciente.

 

¡Cuánto de esto nos falta hoy en día carajo! Volviendo al tema, los adultos que se han criado sin raíces suficientes, sin unos límites claros se convierten en adultescentes (mitad adultos, mitad adolescentes). Sin unos límites claros aparece falta de claridad, de temple, de aplome y un exceso de ingenuidad. Como decía, se trata de personas que suelen sentir carencia, vacío y falta de límites (aunque a veces no son conscientes de ello), por eso aparece la voracidad, el consumismo y las ansías de nuevas experiencias pues nada les llena, de aquí salen los lemas “todo lo puedo”, “me merezco todo”, “si te lo propones todo lo puedes”, etc. ¡Mentira cochina! No somos omnipotente, pero tampoco solemos ser impotentes, la potencia adulta puede desarrollarse: los límites una vez reconocidos pueden ampliarse y para esto hará falta tener un centro, para poder sostener el esfuerzo, para asimilar la frustración, para poder contener y expresar sanamente las emociones, para mantenernos atentos y enterarnos de qué va esto, de qué va el vivir en el momento presente, responsabilizándonos de nosotros mismos, y a sabiendas de que por mucho amor que le tengamos a lo ilimitado, la vida humana está bien acotada entre límites: el del nacimiento, el de la muerte y el de la propia piel. Está limitada sí, pero dentro de estos límites suele existir suficiente capacidad de elección.

 

Y sí, una vez reconocidos los límites reales desde ahí, desde el reconocimiento de los mismos es de desde donde podemos ir ampliándolos. Por supuesto que existen  creencias limitantes pero cambiar esto por “todo lo puedo” es aún más limitante pues viola el principio de realidad. : cuando deseamos algo genuinamente y nos lanzamos a por ello puede que nos entre el miedo, la pereza, nos dispersemos, nos contentemos con otros objetivos aunque realmente no nos satisfagan del todo, etc. todo esto nos está hablando de nuestros límites y no es casual que una persona sienta miedo, y a otra le entre la flojera al intentar satisfacer sus deseos, esto nos habla de la propia historia individual, de su psicodinámica y de su carácter. Los límites también se manifiestan en nuestras relaciones y son indispensables para mantener relaciones sanas ¿Soy capaz de poner límites? ¿Puedo decir Sí cuando quiero decir Sí y No cuando quiero decir No? ¿Respeto los límites y el espacio personal del otro? ¿Sé encajar cuando me dicen No? Para construir relaciones sanas es necesario poder ver al otro, esto es, poder estar en contacto con él, escuchándolo genuinamente al mismo tiempo que escucho mi interior, que estoy en contacto conmigo mismo… todo un arte.

 

Los límites no son algo rígido, son una dialéctica, son la danza de la vida. La bicapa lipídica que conforma el límite de las células también es flexible, se adapta, cambian para poder satisfacer las necesidades de la célula. De modo análogo deberían de ser los límites que ponemos y con los que nos relacionamos y deberemos tener en cuenta que un límite se da no sólo entre un individuo y otro sino entre los dos individuos y el contexto: será diferente poner el límite a un amigo, al jefe en el trabajo, ahamburg-1508779_1920 la pareja o a un compañero de trabajo, el contexto es importante y también influye en la danza de los límites. En cuanto a las relaciones, sería bueno que a la hora de poner límites además de la asertividad, pudiéramos tener en cuenta a la otra persona, esto es, no caer en dinámicas opresor/oprimido o autoritarismo/sumisión, aunque discrepemos es bueno empatizar, poder intuir las necesidades de la otra persona y entender por qué actúa como actúa, esto abre la puerta al diálogo y quizás a la negociación, así, aunque no nos entendamos lo intentamos, nos miramos de igual a igual, yo intento entenderte y tú intentas entenderme, yo expongo mis necesidades y tú expones las tuyas, a partir de ahí podemos construir límites más sanos: yo decido desde mí, tú decides desde ti, si coincidimos, coincidimos, si discrepamos, discrepamos, pero en ese momento, en la construcción del límite al menos nos habremos encontrado… quizás parezca poco pero esto marca la diferencia.