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Relaciones de pareja: satisfacción o dependencia emocional

Hoy escribo sobre la pareja, como dice una de mis profesoras de psicoterapia la pareja “es el tema” en el sentido de que es tan importante que siempre de una manera u otra y con un peso significativo está presente en todos los procesos de terapia, aunque la persona no tenga pareja o por el contrario esté bien con la pareja. Además, si uno escucha las conversaciones en la calle o en el bar es frecuente oír a las personas hablando de la pareja, de las ganas de estar en pareja, del hartazgo y las crisis de pareja, de estar conociendo a una nueva pareja, de la soledad, dependencia emocional, etc. Posiblemente sea de los asuntos que más sufrimiento y satisfacción nos proporcionan a la vez, que más desvelos y preocupaciones nos dan y al mismo tiempo más nos colman y nos hacen sentir plenos. Adentrémonos pues en este fascinante tema.

 

Conforme nos hacemos adultos vamos ganando en autonomía e independencia, pasamos de ser seres totalmente dependientes en la primera infancia donde la madre o quien ejerza la función materna se encarga de satisfacer las necesidades del niño a ser personas autónomas capaces de satisfacer nuestras propias necesidades y de poder apoyarnos en nosotros mismos. Si esto se da (no siempre es así) devenimos en personas con una buena autoestima, caracterizada por una Confianza Básica en nosotros mismos y en la vida, esto es, confiamos en nosotros mismos como seres autónomos, capaces de valernos por nosotros mismos y satisfacer nuestras propias necesidades (poder ser económicamente independientes mediante un trabajo acorde a nuestra preparación y capacidades, poder poner límites flexibles en nuestras relaciones con los demás para construir relaciones sanas donde se puedan dar simultáneamente la intimidad sin perderse en el otro o dejar de ser uno mismo y por supuesto tener las capacidades para establecer relaciones en las que se satisfagan nuestras necesidades de intimidad, afectivas y sexuales).

 

Sin embargo, sabemos que muchas veces la realidad es otra: podemos caer en la dependencia emocional y mantener relaciones que no satisfacen nuestras necesidades, cayendo a veces en el juego perverso de exigirle a la otra persona que nos dé lo que no puede o no quiere darnos, o igual de malo, pensando que la otra perthe-dependence-of-1875449_1920sona cambiará con el tiempo. En ambos casos ponemos todo el peso de la relación en la otra persona, quedándonos enganchados, perdiendo de vista lo esencial y lo esencial es que las relaciones son cosa de dos, que si la relación no me satisface yo también soy responsable y puedo elegir en consecuencia, pudiendo elegir quedarme, estar un tiempo a ver si encontramos soluciones o directamente elegir terminar la relación, y claro está, también puedo elegir no enterarme de nada, seguir enganchado y exigiéndole a la otra persona, pero evidentemente el no querer enterarme no exime de consecuencias y en este caso son graves (más dependencia emocional, más frustración y menor autoestima). Otro tipo de dependencia emocional es la contradependencia, esta consiste en que la persona niega su dependencia emocional, cree que es totalmente independiente y que no necesita de relaciones íntimas y estables, detrás de esta máscara esta la dependencia emocional inconsciente y el terror que esta le genera a la persona, negando esta evita entrar en contacto con el terror y la angustia que el sentirse dependiente le produce pero es a costa de perderse la oportunidad del goce, de poder mantener relaciones íntimas de calidad y sobretodo de poder sanar las heridas y restablecer la autoestima y la Confianza Básica.

 

He empezado hablando de la Confianza Básica y la autoestima así como sus opuestos en las relaciones íntimas y de pareja, que son la dependencia emocional y la contradepenedencia. Lo he hecho porque tienen un peso significativo y van a condicionar de manera determinante las características de la relación y sobretodo el bienestar o la falta del mismo que se experimente en ella.

 

couple-1845334_1920Cantaba Sabina que dos no es igual a uno más uno y es vedad, pero para que se dé ese sistema que es la pareja y que es mayor que la suma de sus partes se tienen que dar esas partes que en el caso de la pareja son dos personas, dos individuos con su historia, con sus puntos fuertes y débiles, sus grandezas y sus miserias, en otras palabras cada una de las dos personas tendrá una mayor o menor autoestima y confianza básica. Y en la pareja, para que funcione y sea fuente de placer y bienestar se debe empezar por uno, es desde la propia individualidad desde la que construye el nosotros ¿Si yo no me tengo en cuenta quien me va a tener? ¿Si yo no me respeto quien me va a respetar? ¿Si yo no me quiero quien me va a querer? Todo esto se pone en juego en la relación desde el principio y muchas veces este juego es inconsciente. Por ejemplo, si en los comienzos una persona ve que su pareja le hace desprecios, por ejemplo degradándola, diciéndole que está gorda o es estúpida, aquí cabe esperar reacciones muy diferentes en función de lo que haya vivido esa persona, de su autoestima y confianza básica. Parecerá lo más lógico dejar bien claro la primera vez que esto suceda que uno no va a tolerar desprecios ni humillaciones y si volviera a ocurrir dejar la relación (los desprecios llenan las relaciones de resentimiento además de ser una clara agresión psicológica, minan la autoestima y socavan la confianza en la pareja, por esto atentan contra los valores básicos y estos no deberían negociarse). Pero podrían ocurrir y de hecho ocurren situaciones bien distintas, esa misma persona que sufre el desprecio podría “empatizar” con su pareja y justificarlo porque la persona que la desprecia “ha vivido situaciones muy difíciles en la infancia”, cuando se produce este razonamiento suele venir la fantasía de cambiar a la otra persona, de pensar que junto a mí esa persona va a ser diferente, que con el tiempo cambiará, en este caso la persona que piensa esto queda enganchada al propio cuento que se cuenta y salir de ahí puede ser difícil. Otro caso podría ser el de “la media naranja”, el justificar que aunque laorange-1907307_1920 otra persona me hace desprecios, cuando estoy bien es todo tan bonito y nos complementamos tanto que los desprecios son secundarios, aquí se da una dependencia fusional, el que una persona se sienta “media naranja” y no una “naranja completa” ya está indicando un grado de dependencia y de carencia al mismo tiempo que a la pareja se le da el poder y una posición de omnipotencia “sólo tú me completas, sólo contigo soy feliz” y claro, siguiendo el razonamiento de “sólo contigo soy feliz” significa que si las cosas se ponen mal en la relación la persona va a tener mucho miedo de abandonarla por eso mismo, porque “sólo contigo soy feliz”.

 

Llegados a este punto ya hemos visto ejemplos de cómo una relación que en principio podría ser una fuente de bienestar, cuidado mutuo, confianza y crecimiento se ha convertido en una cárcel, cárcel sin barrotes rígidos pero sí psicoemocionales. Y esto a nivel sutil pasa más de lo que nos creemos y nos gustaría admitir, por ejemplo, es relativamente común que una persona deje pongamos el caso de salir de fiesta con sus amigos para que se pareja también lo haga, esto suele revestirse de las mejores intenciones, lo hago “por el bien de la relación”, pero en el fondo es un ejemplo de manipulación sutil que muestra falta de confianza hacia la pareja y hacia  uno mismo.

 

Y bien ¿qué podemos hacer con todo esto? Es obvio que no hay varitas mágicas pero sí hay una serie de patrones que nos pueden ayudar, actúan a modo de un buen mapa, señalando el territorio y advirtiéndonos de terrenos resbaladizos y peligrosos y de aquellos otros que son tierra segura, donde podemos relajarnos y crecer como individuos estando en pareja. Por ejemplo, siguiendo el libro El buen amor en la pareja del psicólogo Joan Garriga un buen indicador es que la relación sea fácil y que fluya sin demasiado esfuerzo, al contrario de lo que algunos piensan, cuando existe drama emocional y una intensidad inusitada suele ser más bien signo de personas con fuertes carencias emocionales generadas en la temprana infancia y que la persona no ha conseguido sanar, estas personas ponen en la pareja todas sus demandas infantiles no satisfechas, exigiendo muchísimos a sus parejas, recriminando y siendo muy dependientes. De acuerdo con Garriga otra de las características es que las dos personas que componen la relación no sean demasiado incompatibles, está claro que no hay dos personas iguales y que las diferencias pueden enriquecer la relación pero si estas son desmedidas muy probablemente sean fuente de conflictos e infelicidad y es que hay parejas que no se eligen adecuadamente, la intensidad del enamoramiento puede cegar y hacer que uno acabe con una persona que difiere mucho de los propios valores, necesidades y proyecto vital. También comenta Joan la necesidad de que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros con confianza mutua y que exista el deseo de que la otra persona esté bien.

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Lo comentado en el párrafo anterior se puede complementar con lo que Sternberg en su Teoría Triangular del Amor denomina Amor Consumado y que se caracteriza por la presencia de intimidad, pasión y compromiso. La intimidad hace referencia al deseo de cercanía y conexión con la pareja y sobretodo de conocer quién realmente es la pareja; la pasión se refiere al erotismo y al deseo sexual que llevan a fuertes sentimientos de fusión con la otra persona (la fusión en el Amor Consumado no es patológica ni se caracteriza por la dependencia, hace referencia a los momentos de encuentro sexual y erótico con la pareja y tras estos habrá momentos de separación en los que cada persona continúe con su vida sin dejar por ello de ser pareja, para posteriormente cuando vuelva aparecer la pasión poder volver a otro momento de fusión); y finalmente el compromiso que se refiere a la decisión de amar a la pareja, de hacer lo posible para cultivar ese amor y de estar en los buenos y en los malos momentos, el compromiso depende fundamentalmente de la voluntad pero también se alimenta de la intimidad y la pasión.

 

De un modo similar se expresa el gran psicoanalista Otto Kernberg en su concepto de amor sexual maduro, el cual integra la sexualidad y el deseo erótico hacia la pareja, el deseo de intimidad, la ternura y la confianza hacia la pareja, profunda empatía hacia la misma y cierta admiración de la pareja basada en sus características reales y no en una idealización infantil. Amar de esta manera implica haber sanado o transcendido buena parte de los conflictos infantiles, haber asumido que como adultos somos seres individualizados responsables de nosotros mismos y haber resuelto adecuadamente  la propia ansiedad que el sentimiento de soledad inherente a la individualidad suele generar.

 

En este artículo he querido incluir descripciones sanas del amor en las relaciones de pareja provenientes de tres fuentes muy diferentes de la psicología: en primer lugar de la psicología humanista y la terapia Gestalt representada por Joan Garriga, en segundo lugar de la psicología experimental cuyo representante es Robert Sternberg y en tercer lugar el psicoanálisis representado por Otto Kernberg. Como apreciará la lectora y el lector aunque las fuentes citadas difieran en su origen (psicología humanista, psicología experimental y psicoanálisis) las conclusiones a las que llegan estos tres autores son similares… por algo será.

 

Para finalizar me gustaría dejar bien claro que las parejas perfectas no existen (la perfección es una facultad divina, no humana), sin embargo, si existen parejas funcionales, donde los buenos momentos y el placer y la satisfacción superan con creces los malos e infelices momentos. También me gustaría remarcar que las relaciones cambian, son dialécticas y en función del momento vital en que las dos personas se encuentren tendrá mayor importancia la pasión o bien la intimidad y el compromiso. Un buen revulsivo para las personas que tienden a la perfección puede ser el cuento la pareja perfecta publicado en este blog. También me gustaría añadir que quizás sea bueno cambiar el para toda la vida por para todo el presente, es decir, mantener la relación mientras sea satisfactoria, con esto no quiero incitar a abandonar a la primera de cambio, a escaquearse del trabajo de construir la relación, pero tampoco considero oportuno aguantar lo inaguantable… de cada uno es la responsabilidad de agarrar las riendas de su vida.