Sikkim - Land of Discovery

Adicciones y oralidad

En la cosmología budista y del yoga existe el reino de los espíritus hambrientos, se les representa como seres de cuello largo, garganta muy estrecha y vientre muy grande, de esta manera por mucho que intenten comer, al tener la garganta tan estrecha nunca pueden saciarse por mucho que coman, así nunca se sacian, nunca tienen descanso y viven siempre en la carencia. Esto no es sólo mitología, describe el estado psicológico de la adicción: la persona adicta insiste compulsivamente en su adicción pero nunca se sacia, nunca se llena, nunca está en paz.

 

Detrás de este comportamiento suele esconderse un estado de carencia emocional tan inaguantable que suele desterrarse al inconsciente, así pues la adicción sea del tipo que sea suele ser un intento disfuncional de satisfacer esa carencia emocional. Como dicen los psicoanalistas el objeto en el que se centra la adicción se vuelve un objeto omnipotente, esto es, la vida pasa a girar en torno al objeto de adicción (sexo, juego, drogas, comida, etc.) esperando que este satisfaga todas las ansias y necesidades no resueltas. De esta manera el infierno se retroalimenta a sí mismo: insatisfacción y carencia pero siempre adelante, como la fábula del burro que se le muestra un palo atado a la zanahoria que nunca alcanza.

 

Las carencias emocionales de las que hablo se generan en la más temprana infancia. Además de tener cubiertas las necesidades materiales todos los niños necesitan ser aceptados tal cual son, lo cual implica no tener que mendigar cariño y ser vistos por los adultos, esto es, recibir su atención (cualquiera que haya jugado con un niño sabe que lo que más desea y el mayor regalo que se le puede hacer es la atención sincera que es un aspecto del amor). Pero la realidad es otra, venimos a un mundo falto de amor, donde no se nos permitió haber sido lo que éramos y crecimos en sistemas familiares con mayor o menor falta de amor, al fin y al cabo nuestros padres también arrastraban sus heridas emocionales frecuentemente inconscientes. Esto unido a las condiciones de crianza modernas (destete prematuro, partos medicalizados sin necesidad médica que los justifique, guarderías que son poco más que parkings de niños y no atiendes a sus verdaderas necesidades) genera lo que conocemos como “carácter oral” o rasgos orales en el carácter, que se caracterizan porque buena parte de la conducta se dirige hacia no sentir esa hambre emocional que es insoportable, así en lugar de sentir estas sensaciones dolorosas organizamos nuestra vida inconscientemente para llenar este vacío insondable, ·”este vientre que no se puede llenar” en palabras del psicoterapeuta y maestro de yoga Stephen Cope.

 

Cuando los rasgos orales son fuertes siembre existe la voracidad hacia un objeto o relación con la que se genera adicción: desde los atracones de comida, al juego patológico pasando por la drogadicción o cualquier tipo de adicción. La persona se siente emocionalmente vacía (aunque muchas veces esto es inconsciente, y esto se ejemplifica perfectamente con uno de los rasgos de las adicciones que es la negación del problema). La voracidad implica el intento de llenarse de algo o alguien para así no sentirse vacío y carente, intento que por su propia naturaleza está condenado al fracaso, así es como se establece la compulsión de repetir y se mantiene la adicción… cuando existen adicciones graves el proceso de psicoterapia suele ser imprescindible.