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Relaciones

En las relaciones, particularmente en las relaciones íntimas en las que se encuentra involucrada nuestra afectividad profunda y sexualidad aparecen nuestros conflictos más profundos, las heridas que arrastramos de la infancia y nuestros asuntos inconclusos… nada se consigue negando esta realidad ni intentando reprimir a la otra persona y/o a uno mismo. La mirada adulta, el reconocimiento del conflicto, el arrojo y la valentía son las actitudes que permitirán una comprensión profunda del mismo, que poco a poco y no de la noche a la mañana (la vida no es una cadena de comida rápida tipo Mac Donalds) permitirán el aprendizaje, la comprensión y tal vez su resolución. Comenta el psiquiatra Samuel Widmer en su maravilloso libro El despertar del amor:

 

“Por regla general vemos el sentido de nuestra relación con nuestro compañero en la satisfacción de nuestros deseos y necesidades. Esto a mí me parece simplemente engañoso y equivocado; en el mejor de los casos es un efecto positivo secundario. El sentido de nuestras relaciones consiste, según mi opinión, más bien en aprender sobre nosotros mismos, en averiguar quiénes somos realmente y cómo podemos vivir juntos en paz por medio del enfrentamiento con el tú. Esto tiene validez para todas las relaciones en general y especialmente para la relación entre el hombre y la mujer. El hecho de que la entendamos como una institución destinada a satisfacer nuestras necesidades resulta de andar fugitivos, presas de nuestro temor a ser abandonados, presas de nuestra soledad y nuestra hambre no saciada proveniente de las privaciones de la primera infancia, buscando permanentemente seguridad y la sensación de protección. A casusa de este temor creamos una cárcel en todas nuestras relaciones, especialmente en nuestros lazos familiares y en las relaciones matrimoniales, nos mantenemos en mutua dependencia, nos dominamos y nos pertenecemos mutuamente y dejamos que nos dominen los celos en lugar del cuidado y el cariño. La consecuente violencia, la miseria y la adicción son de sobras conocidas.

 

No quiero dar recetas para solucionar estos problemas. No quiero exponerme al peligro de establecer un nuevo concepto sobre cómo debería ser, un concepto que de nuevo sólo nace del miedo ante la inseguridad y que conducirá hacia una nueva cárcel, aún siendo esta tal vez un poco más habitable. Pienso que no existe una solución colectiva, solamente soluciones personales. Uno está conforme con esto, el otro con aquello. También pueden producirse grandes cambios a lo largo de una vida.

Si no nos quedamos parados estamos sometidos entonces a una constante transformación, a una ininterrumpida renovación que nos conduce constantemente a introspecciones nuevas y más amplias.”