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Cuando las emociones incrementan nuestro peso

El comer emocional es el uso de los alimentos para gestionar y enfrentar nuestras emociones, es decir, es utilizar los alimentos no tanto para satisfacer el hambre sino para tapar ciertos estados emocionales (comer por tristeza, soledad, aburrimiento, etc.) Si  es desmedido constituye un enorme problema que está detrás de la gran mayoría de los casos de sobrepeso y de buena parte de los trastornos alimentarios.

En una sociedad como la nuestra basada en la imagen, incrementos significativos de peso suelen acarrear una bajada de la autoestima que repercutirá directamente en el comer emocional: nos sentimos mal, comemos más, baja nuestra autoestima y como nos sentimos mal seguimos comiendo mal, así se cierra el círculo hasta que tomamos las medidas oportunas y comenzamos a salir de este espiral.

El comer emocional no es malo de por sí, todos recurrimos a él de vez en cuando. Un buen ejemplo son los banquetes como las bodas, donde puntualmente comemos más de lo que necesitamos, sin embargo, al ser sólo puntualmente y siempre que no se cometan excesos desmedidos no suelen acarrearnos culpa ni otros problemas. Se convierte en un problema cuando pasa a formar parte de nuestra vida cotidiana, esto es, cuando lo usamos frecuentemente para acallar nuestras emociones o para no sentir ansiedad: aquí se entra en un espiral incontrolable, por ejemplo, si sentimos ansiedad y la acallamos mediante el comer emocional esta baja a los pocos minutos, pero al no incidir sobre las verdaderas causas de la ansiedad al poco rato volvemos a sentirla al mismo tiempo que suele aumentar porque sentimos culpa y disminuye nuestra autoestima. De esta manera  el comer emocional puede convertirse en una adicción en muchos casos. Y como en las adicciones, aun en los casos en que la persona sabe que tiene un problema no es capaz de salir del él, sabe perfectamente que mediante el comer desmedido no va a solucionar su ansiedad u otro estado emocional desagradable que esté experimentando, y sin embargo no lo puede evitar.

Por otro lado, como sabemos, cuando comemos emocionalmente no suele bastarnos cualquier alimento, deseamos alimentos con alta palatabilidad, esto es, muy sabrosos, y estos alimentos suelen tener en común contar con muchas grasas, exceso de sal y/o azúcar, exceso de harinas refinadas y en muchos casos excitantes como la cafeína. Así se nos antoja zamparnos una bolsa de papas, comer cuches, beber coca cola o engullir casi sin masticar un paquete entero de galletas.

 

LAS EMOCIONES Y EL COMER EMOCIONAL 

Existe consenso científico en considerar que las emociones, de estar bien reguladas, constituyen procesos adaptativos, esto es, nos dan información (mediante lo que sentimos) de cómo debemos actuar y por tanto nos sirven para gestionar nuestra vida. Por ejemplo: si estás paseando por el campo y aparece un toro corriendo hacia ti con intención de embestirte, seguramente sientas un miedo terrible que te lleva a correr como alma que lleva el diablo, una vez a salvo el miedo pasa y todo queda en anécdota. Esto es, el miedo pasa cuando ha cumplido su función, este es un caso de adecuada regulación emocional. El caso contrario, es el que ocurre en las fobias y los trastornos de ansiedad, debido a una mala regulación emocional, la persona siente miedo en situaciones que no son peligrosas (subir en ascensores, salir a la calle, etc.), mermando su calidad de vida y relaciones. images12

En nuestro caso, la utilización de los alimentos como respuesta a determinadas emociones puede ser una solución “eficaz” a corto plazo, pero zamparnos dos paquetes de galletas no va a solucionar más que momentáneamente nuestro malestar emocional. La solución pasa por identificar qué está pasando en nuestra vida emocional o que nos falta y actuar en consecuencia. Para que el comer emocional deje de ser un hábito que nos lleva al sobrepeso y dispara la probabilidad de sufrir otras enfermedades necesitamos aprender nuevas formas de manejarnos con nuestros estados emocionales y especialmente con la frustración.

 

ESTADOS EMOCIONALES Y SENTIMIENTOS QUE SUELEN PROVOCAR EL COMER EMOCIONAL

 

Frustración

Aunque no hay mucho escrito de la relación entre la frustración y el comer emocional, en mi experiencia clínica como psicólogo y psicoterapeuta la he observado como una de las causas más comunes del comer emocional: las personas crónicamente frustradas suelen recurrir muy frecuentemente al comer emocional.

diet-695723_1280La frustración surge cuando por el motivo que sea percibimos que nuestras metas, expectativas y deseos se ven entorpecidos por la causa que sea, o dicho de otra manera, tenemos una percepción de que no somos capaces de satisfacer nuestras propias necesidades y así baja nuestra autoestima y autoconfianza.

La persona aquejada de frustración crónica lo vive como una mezcla de estados emocionales y sentimientos más o menos crónicos (insatisfacción, rabia, vacío, tendencia a compararse con los demás y verse como inferior, tristeza, pesimismo, etc.) a los que les cuesta ponerle palabras, sin embargo, cuando se le explica y se le hace ver suelen exclamar “tal cual” o “es eso lo que me pasa”

 

Tristeza

La tristeza se relaciona con una situación de pérdida, la sensación de que nos falta algo o no podemos conseguir algo.  En relación al comer emocional, la tristeza muchas veces se experimenta como un vacío interior que va unido a la soledad, es muy común sentirlo incluso físicamente en el pecho y ante ese vacío emocional la persona intenta llenarlo con comida en lugar de con afecto.

 

Ansiedad y  estrés

Vivimos en la era de la ansiedad y el estrés: precariedad laboral, inestabilidad familiar, económica y afectiva son factores que no ayudan nada a mitigar este problema.

Muchas personas para manejar la ansiedad y el estrés recurren al comer emocional: picotean entre horas o toma exceso de bollería, café, refrescos, etc. Esto a corto plazo produce un efecto vigorizante y relajante, pero al poco tiempo, debido al bajón de energía que provocan necesitamos otra dosis de estos alimentos, y es que “lo que sube deprisa baja deprisa”. Además, recurrir al comer emocional como forma de gestionar la ansiedad y el estrés sólo agrava el problema a medio y largo plazo.

 

Aburrimiento

El aburrimiento se percibe como carencia de actividades interesantes que realizar. En el aburrimiento la percepción del tiempo se siente como a cámara lenta, miramos el reloj cada pocos minutos y tenemos la sensación de vivir en una eternidad. Es común la típica ama de casa esclavizada a una rutina insatisfactoria que come por aburrimiento. En este caso el comer es un fin en sí mismo que la rescata del tedio. Así, si comes por aburrimiento nada mejor que encontrar actividades divertidas e interesantes y que estén al alcance de tu mano: hacer deporte, bailar, quedar con un buen amigo, etc.

 

Soledad

images4Podemos definirla como carencia de relaciones interpersonales satisfactorias, a lo que yo añado la carencia y pobre relación con uno mismo, quiero decir, una persona con un yo fuerte y una correcta autoestima vivirá la soledad de una manera más serena y dulce que aquella persona que piensa que se ha quedado completamente sola, que es un fracaso y que jamás nadie la va a volver a querer. Como se suele decir, no es lo mismo estar sólo que sentirse solo: una persona puede estar solo sin sentir emociones displacenteras, pudiendo incluso buscar momentos de soledad porque le resultan agradables.

 

¿POR DÓNDE EMPEZAR?

El primer paso es el darse cuenta, el tomar consciencia de lo que me está pasando y de lo que estoy sintiendo. Habrá quien piense que se siente emocionalmente mal porque le sobran kilos y ya está, y puede que sea así, no obstante, si tienes un historial de dietas con repetidas bajadas de peso y posteriores subidas muy probablemente estés afectado por el comer emocional.

Lo primero es identificar qué emoción me lleva a asaltar la nevera, en qué momentos y en qué circunstancias ¿me doy un atracón cuando estoy sólo o acompañado? ¿suelo picar siempre a las mismas horas? ¿qué siento cuando noto el impulso de comer desmedidamente?

Para desarrollar la toma de consciencia te puede ayudar aprender mindfulness o meditación. Sin embargo, si el historial de comer emocional y problemas relacionados con la alimentación es largo lo mejor es iniciar un proceso de psicoterapia con un psicólogo cualificado.

 

 

Artículo mío publicado en la revista universo holístico