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UN BUEN LIBRO PARA REGALAR O REGALARSE ESTAS NAVIDADES

Hoy escribo sobre “Camino con corazón: una guía a través de los peligros y promesas de la vida espiritual” de Jack Kornfield. Además de la excelente calidad literaria, el libro refleja con bastante precisión las dificultades y bloqueos que experimentamos para vivir plenamente… Es un camino que suscribo, pues como el autor y miles de personas comprometidas con una práctica espiritual seria, vi la necesidad de integrar en la misma un proceso de psicoterapia para ir sanando heridas y carencias que salían a la luz y reclamaban mi atención. Por fortuna, encontré a un maestro zen (Dokushô Villalba) que era gran conocedor de los diferentes modelos de psicoterapia y no veía ninguna contradicción entre la meditación y la psicoterapia, siendo muchas veces necesaria la combinación de ambas disciplinas, pues crean poderosas sinergias que favorecen la curación en el nivel más profundo.

Antes de dejaros con las palabras de Kornfield permitirme contaros algo sobre el: es monje budista y maestro de meditación, además, de psicoterapeuta (en su proceso de terapia personal pasó por psicoterapeutas de distintas escuelas: Gestalt, jungiana, reichana, etc. lo que le permite tener una visión integrativa y profunda sobre la realidad humana), también es esposo y padre. Pertenece a la primera generación de maestros budistas occidentales, estas fueron sus vivencias y procesos al regresar del monasterio budista en la selva asiática a la jungla del occidente postmoderno:

 

“Cuando regresé a los Estados Unidos como monje, todo ello se vino a bajo… Aunque había vuelto del monasterio con una mente clara, abierta y un espíritu elevado, en resumen descubrí, a través de mis relaciones, que mi meditación me había ayudado muy poco en mis relaciones humanas. Seguía siendo emocionalmente inmaduro y expresaba los mismos patrones dolorosos de culpa y miedo, aceptación y rechazo que tenía antes de mi entrenamiento budista; el terrible añadido era que ahora empezaba a ver dichos patrones con más claridad. Podía llevar a cabo meditaciones amorosas para miles de seres,  pero tenía graves problemas a la hora de relacionarme con una sola persona, aquí y ahora.

Había utilizado, en la meditación, la fuerza de mi mente para reprimir los sentimientos dolorosos, y muy a menudo ni me daba cuenta de que estaba enfadado, triste, apenado o frustrado… Gozaba de poca destreza para manejar mis sentimientos, embarcarme a nivel emocional o vivir sabiamente con mis amigos y seres queridos.

Estaba forzado a variar totalmente mi práctica, bajando por mis chakras de la mente al corazón. Inicié el largo y difícil proceso de reclamar mis emociones, de llevar la consciencia y la comprensión a mis patrones de relación, de aprender cómo expresar los sentimientos y qué hacer con las poderosas fuerzas de la comunicación humana. Lo hice a través de la terapia individual y de grupo, mediante meditaciones centradas en el corazón; a través de la psicología transpersonal, y mediante una serie de relaciones, tanto exitosas como desastrosas. Lo hice examinando mi familia de origen y mi historia temprana, llevando esta comprensión a mis relaciones en el presente. Finalmente, ello me condujo a una relación, en principio difícil, que ahora se ha convertido en el feliz matrimonio con mi mujer, Liana y que ha dado el fruto de una bella hija, Caroline. Poco a poco, empecé a comprender este trabajo del corazón como parte integral de mi práctica espiritual.

Tras concentrarme 10 años en el trabajo emocional y en el desarrollo de mi corazón, me di cuenta de que había olvidado mi cuerpo. Al igual que mis emociones, había incluido a mi cuerpo sólo de un modo superficial… descubrí que más que habitarlo había utilizado mi cuerpo. Había sido un vehículo para alimentarme, moverme y satisfacer mi vida mental, emocional y espiritual.

Vivir en este precioso cuerpo animal, en esta tierra, es una parte tan importante de la vida espiritual como cualquier otra. Al empezar a rehabitar mi cuerpo, descubrí nuevas áreas de temor y dolor, que me alejaban de mi verdadera naturaleza, del mismo modo que había descubierto nuevas áreas de dolor y temor al abrir mi mente y mi corazón.

En cada paso del camino, se exigía más honestidad y cuidado. Mi práctica también se había vuelto más integrada. El modo en que trataba a mi cuerpo no estaba desconectado del modo en que trataba a mi familia o del compromiso que tenía con la paz mundial.

Paulatinamente, sin embargo, se me hizo evidente que la mayoría de nosotros, el mismo esforzarse aumentaba los problemas. En aquello en que tendemos a ser críticos, nos volvemos más críticos con nosotros mismos, negando nuestros sentimientos, nuestros cuerpos y nuestra humanidad. La lucha hacia la iluminación, o alguna meta espiritual, sólo hace que aumentar esta separación. Donde se ha sentado un sentido de menoscabo o baja estima –con temor de nuestros sentimientos o crítica de nuestros pensamientos- ello se ve reforzado por la lucha espiritual. Pero, al mismo tiempo, sabía que la práctica espiritual era imposible sin una gran dedicación, energía y compromiso. Si no era de la lucha y del idealismo ¿de dónde tenía que llegar?

Lo que descubrí fue una maravillosa noticia. Para abrirnos totalmente, como exige la auténtica vida espiritual, necesitamos mucho valor y fuerza; una especie de espíritu guerrero. Pero el lugar de esta fuerza del guerrero es el corazón. Necesitamos energía, compromiso y valor para no huir de nuestra vida, ni enmascararla con filosofía alguna, material o espiritual. Necesitamos un corazón de guerrero que permita afrontar directamente nuestras vidas, nuestros dolores y limitaciones , nuestras alegrías y posibilidades. Este valor nos permite incluir cualquier aspecto de nuestras vidas en nuestra práctica espiritual:  nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestra sociedad, la política, la ecología, la tierra, el arte, la educación. Sólo entonces, podrá integrarse, verdaderamente, la espiritualidad en nuestras vidas.

 

¿Si no es aquí, dónde daremos vida a la compasión, la justicia y la liberación?

Un sentido integrado de la espiritualidad entiende que si hemos de aportar luz, sabiduría o compasión al mundo, hemos de empezar por nosotros mismos.”

Jack Kornfield, Camino con corazón. Ed. La liebre de marzo (puedes encontrarlo en tu librería habitual)

 

Nota: Obsérvese que el autor habla de diez años de constancia y dedicación para poder abrir el corazón a las emociones… ¡en un mundo en que lo queremos todo ya! Sin embargo, sólo el compromiso sincero y honesto es capaz de dar los frutos de la paz en el corazón y la verdadera sanación ¡no hay atajos, huye de los vendedores de humo!