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Reflexiones sobre el uso de psicofármacos del Dr. Bessel van der Kolk, profesor de psiquiatría de la universidad de Boston y uno de los mayores expertos en el tratamiento del estrés postraumático

Aquí transcribo una aguda reflexión, sobre el papel de los psicofármacos y la visión reduccionista del modelo médico imperante. El autor es ni más ni menos que el Dr. Bessel van der Kolk, profesor de psiquiatría de la universidad de Boston y uno de los mayores expertos en el tratamiento del estrés postraumático: director de la red nacional de tratamiento de Trauma Complejo de EEUU y fundador y director del Trauma Center en Brookline, Massachusetts. Aquí va:

 

La revolución farmacológica que empezó con tantas promesas, al final puede que haya hecho igual de mal que bien. La teoría de que la enfermedad mental la causan básicamente unos desequilibrios químicos del cerebro que pueden corregirse con unos fármacos concretos ha sido aceptada ampliamente, tanto por los medios y el público como por la profesión médica. En muchos lugares los fármacos han desplazado la terapia y han permitido a los pacientes eliminar sus problemas sin solucionar las causas subyacentes. Los antidepresivos pueden marcar la diferencia en el mundo al ayudar en el funcionamiento diario, y si hay que elegir entre tomar una pastilla para dormir o emborracharse hasta perder el conocimiento cada noche para dormir unas horas, no hay duda de qué opción es preferible.

Después de realizar numerosos estudios de fármacos para el TEPT, he acabado dándome cuenta de que los medicamentos psiquiátricos tienen un inconveniente grave, porque pueden desviar la atención del tratamiento de los problemas subyacentes. El modelo de la enfermedad cerebral quita de las manos de los pacientes el control de su destino y pone a los médicos y a las aseguradoras al cargo de la resolución de sus problemas.

En las últimas décadas, las medicaciones psiquiátricas se han convertido en el sostén de nuestra cultura, con unas consecuencias dudosas. Pensemos en los antidepresivos. Si fueran tan eficaces como se ha llegado a creer, la depresión se habría convertido en un problema menor en nuestra sociedad… El número de personas tratadas por depresión se ha triplicado en las dos últimas décadas, y actualmente uno de cada diez estadounidenses toman antidepresivos.

El modelo de enfermedad cerebral ignora cuatro verdades fundamentales: (1) nuestra capacidad de destruirnos entre nosotros coincide con nuestra capacidad de curarnos mutuamente: restaurar las relaciones y la comunidad es básico para restaurar el bienestar; (2) El lenguaje nos da el poder de cambiarnos nosotros y de cambiar a los demás comunicando nuestras experiencias, ayudándonos a definir lo que sabemos y encontrando un significado común; (3) tenemos la capacidad de regular nuestra propia fisiología, incluyendo alguna de las llamadas funciones involuntarias del cuerpo y del cerebro, mediante actividades básicas como respirar, movernos y tocar; y (4) podemos cambiar las condiciones sociales para crear entornos en el que los niños y los adultos puedan sentirse seguros y en los que puedan prosperar.

Cuando olvidamos estas dimensiones por excelencia de la humanidad, privamos a las personas de nuevas maneras de superar el trauma y de recuperar su autonomía. Ser paciente, en lugar de participante en el propio proceso de curación, separa de su comunidad a las personas que sufren y las aísla de su yo interior. Teniendo en cuentas las limitaciones de los fármacos, empecé a preguntarme si podríamos encontrar formas más naturales de ayudar a la gente a manejar sus respuestas postraumáticas.

 

Dr. Bessel van der Kolk, extraído de su magnífico libro “El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma