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Sobre el consumo de psicofármacos

Tal y como afirma el periodista de investigación Miguel Jara, España es campeona mundial en consumo de benzodiacepinas ansiolíticas y somníferas. El consumo se ha incrementado un 57 % entre los años 2000 y 2012 y actualmente “sigue creciendo sin freno”, según datos del Ministerio de Sanidad. En el top ventas de los ansiolíticos destacan lorazepam (conocido como Orfidal) y el alprazolam (Trankimazin) y entre los somníferos el lormatazepam (Noctamid). pillbox-1013220_1280

Otro grupo de psicofármacos que están experimentando un incremento alarmante son los antidepresivos: según la Agencia Española de Medicamentos el consumo de estos fármacos ha experimentado un incremento del consumo de un 200% en el periodo 2000 – 2013. También, el consumo de antipsicóticos se ha duplicado y sigue en aumento.

Son muchos los psiquiatras y otros profesionales de la salud que denuncian la sobremedicación, las presiones de la industria farmacéutica y el gran negocio de las ventas de psicofármacos, una buena toma de contacto puede ser esta entrevista a Peter C. Gøtzsche o la lectura de su libro. En España la presión es tal que buena parte de los congresos a los que asisten los médicos MIR están pagados o patrocinados por la industria farmacéutica.

No cuestiono el uso de la medicación en sí sino el mal uso y el abuso (la sobremedicación). Simplificando, por sus indicaciones existen 5 familias de psicofármacos de uso generalizado: antidepresivos, ansiolíticos, estabilizadores del estado de ánimo, antipsicóticos y somníferos o hipnóticos. Todos estos psicofármacos son medicamentos de primera línea y que usados diligentemente ayudan a disminuir los síntomas de muchos padecimientos y enfermedades. La excepción quizás estaría en el grupo de los antidepresivos donde en muchos casos existen alternativas más seguras, económicas, efectivas a largo plazo y mucho más económicas.

Hay enfermedades mentales graves como la esquizofrenia y el trastorno bipolar que frecuentemente necesitan medicación de por vida. Sin embargo, un correcto abordaje bio-psico-social u holístico puede hacer reducir la medicación a dosis mínimas de mantenimiento e incluso a determinados periodos en algunos casos. Desgraciadamente la sobremedicación abunda, mermando la calidad de vida de las personas afectadas y de las de su entorno.

Sin embargo me gustaría centrar la atención en los ansiolíticos (medicamentos contra la ansiedad), los somníferos (medicamentos contra el insomnio) y los antidepresivos (medicamentos contra la depresión). Son los psicofármacos más recetados, en muchos casos por los médicos de cabecera y no por los psiquiatras y cuyo uso en muchos casos se cronifica, haciendo que las personas estén bajo los efectos de estos fármacos durante largos periodos y con la paradoja de que en muchos casos cuando se dejan de tomar reaparecen los síntomas con igual o mayor intensidad (efecto rebote).

Lo primero que llama la atención es el incremento desmesurado del consumo de estos fármacos. Parecería de sentido común que si fueran realmente efectivos tras un periodo de utilización la persona se curara y pudiera prescindir de ellos. Pero no, se trata de medicación supresiva o sintomática, esto es, corrigen el síntoma pero no las causas, o como lo expresaba el genial psiquiatra y neurocientífico el Dr. David Servan-Schrebir estos medicamentos no son «reguladores límbicos», es decir, no pueden recuperar completamente nuestro equilibrio emocional, pues este no sólo depende de nuestra bioquímica sino también y sobre todo de la calidad de nuestra vida, de nuestra historia vital (con sus venturas, desventuras y traumas) así como la exposición actual a situaciones o eventos estresantes y de aquello que hagamos con lo que nos toca vivir, lo que hacemos con lo que nos pasa, las decisiones que tomamos o dejamos de tomar. addiction-71576_1280

Además, respecto a la alteración de la bioquímica cerebral cabría preguntarse “¿qué es antes la gallina o el huevo?”, por ejemplo, imaginemos que muere una persona muy querida para mí y me deprimo ¿me deprimo porque me baja la serotonina o me baja la serotonina porque me enfrento a una pérdida significativa? A esto tenemos que sumarle que en la mayoría de los casos (por no decir todos) la prescripción de un psicofármaco antidepresivo o ansiolítico se realiza sin ninguna prueba biológica, así ningún médico que se preste diagnosticará anemia sin una analítica donde quede patente que determinados parámetros están alterados (en este caso podría ser la cantidad de glóbulos rojos), además, una vez confirmado el diagnóstico y puesto el tratamiento se realizará un seguimiento para comprobar si la causa de la enfermedad se está corrigiendo (si la densidad de glóbulos rojos vuelve a los valores normales). Sin embargo, no suele ocurrir así con los psicofármacos: por ejemplo, uno tiene ansiedad o se siente deprimido y si cumple unos criterios que el médico puede inferir de la conducta y de lo que le cuenta el paciente, se considera que tienen tal o cual diagnóstico, con su correspondiente tratamiento a base de ansiolíticos y/o antidepresivos, sin cuantificar ningún parámetro biológico.

Con lo dicho en el párrafo anterior no quiero decir que la medicación no sea necesaria, simplemente cuestiono que sea la panacea y que el tratamiento por sí mismo sea capaz de solucionar el problema. Si como decía en el ejemplo tengo que hacer frente a la muerte de un ser querido es probable que las semanas siguientes duerma mal, esté ansioso y triste, en este caso el uso diligente de los ansiolíticos estaría indicado, por ejemplo una benzodiacepina para tratar el insomnio. Pero pensar que la pastilla por sí sola es suficiente resulta ingenuo: harán falta auténticos «reguladores límbicos» para restaurar el equilibrio, por ejemplo mantener relaciones humanas de calidad (contar con una buena red de apoyo, con personas con corazón dispuestas a escucharme y ayudarme), hacer ejercicio físico acorde a mi edad y condición pues este sí es un buen ansiolítico y antidepresivo sin efectos secundarios, y si fuera necesario realizar terapia psicológica con un psicólogo psicoterapeuta cualificado.