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Sobre el concepto de neurosis y como transcenderla

Estoy bien, se supone que tengo todo lo que tendría que tener, sin embargo, nada me llena del todo: puedo picotear y comer cosas ricas pero no me sacio, puedo tener relaciones intensas pero a la larga me siento vacío, frecuentemente me siento frustrado y a veces vivo la vida como un sinsentido.

Lo expuesto en el párrafo anterior atiende al concepto de neurosis. Como se ve no habla de severas patologías mentales, es algo mucho más sutil y en cierto modo más terrible, una insatisfacción permanente, una falta de completud, un sentimiento de falta de ser.

Como habrá observado la lectora y el lector atento, este sentimiento de insatisfacción crónica está en la base del consumismo y es explotado por la publicidad: si nos sentimos carentes será más fácil prometernos un nuevo producto que más que su valía propia nos promete nuevas sensaciones intensas y agradables pero el resultado suele distar mucho de lo que promete. Es como el burro que se le hace andar poniéndole delante una zanahoria atada un palo y que jamás podrá alcanzar: frustración e insatisfacción pero siempre adelante. En el fondo lo sabemos, muchos de los que lean estos se sentirán identificados, sin embargo, muy probablemente un rato después de leer este artículo haya pasado al olvido o a lo sumo a la memoria sin que haya una toma de consciencia real que posibilite un cambio, pero ¿por qué nos cuesta tanto cambiar a pesar de no sentirnos satisfechos? ¿por qué repetimos siempre los mismos patrones? ¿por qué yo busco la satisfacción siempre en las mismas cosas o personas aunque no me la den? composition-1217184_1280

El concepto de neurosis fue creado por el médico Willian Cullen (1769) y originalmente recogía una gran variedad de trastornos médicos relacionados con la alteración del sistema nervioso. Posteriormente con el apogeo del psicoanálisis el término se fue reservando para aquellas personas que padecían un alto grado de angustia o ansiedad (éste era el síntoma nuclear) aunque en función de cómo se manifestara la angustia podía dar lugar a diferentes tipos: neurosis de angustia, neurosis fóbicas, neurosis obsesivo-compulsivas, etc. En ésta época la neurosis se asociada a síntomas clínicos relacionados con la angustia. Además, las personas que la padecían (y esto sigue vigente hoy día) eran personas más o menos normales, relativamente bien adaptadas a la realidad y que no perdían el contacto con la misma. También Freud y los primeros psicoanalistas se dieron cuenta de que en estas personas existía una marcada tendencia a la anticipación, a elaborar expectativas sobre el futuro y que generalmente estas eran de carácter catastrófico. Además, para mediar y poder manejarse con la angustia que experimentaban recurrían a conductas más o menos repetitivas y estereotipadas. Posteriormente, Wilhem Reich demostró que existían neurosis sin síntomas manifiestos, que la angustia se encontraba ligada a rasgos de carácter con los que la persona se identificaba y estaba aparentemente a gusto, por ejemplo:

Ser excesivamente extrovertido, afable, bien humorado y buscar novedades constantemente. Evidentemente no me refiero al buen humor genuino, sino a una manera de funcionar rígida y estereotipada, a personas que por ejemplo siempre tienen la necesidad de sonreír, que huyen de emociones que ellos consideran como negativas y que para mantener su estado de “buen humor” e incluso de ligera euforia necesitan estar estimulados constantemente, buscando una novedad constante: salir de fiesta asiduamente, viajar sin parar, participar en un sinfín de actividades y compromisos sociales, etc.

Lo escrito en el párrafo anterior es sólo un ejemplo y hay muchos más. Lo que caracteriza a todos ellos es que no proporcionan una satisfacción auténtica, que para mantener la poca satisfacción que proporcionan y el precario equilibrio vital que nos dan exigen muchísima energía, desgastándonos a medio y largo plazo y dejándonos insatisfechos, carentes y con la íntima sospecha de que la vida podría ser algo bien distinto, mucho más plena y gozosa. Sin embargo, por su propia naturaleza tienden a auto-perpetuarse, esto es, en el ejemplo dado aunque la persona sospeche que  no se siente satisfecha rara vez se lo confesará, más bien durante algún tiempo hará lo contrario: se esforzará más y más por tener más novedades en su vida con el fin de alcanzar la ansiada satisfacción, satisfacción que por cierto nunca llega de esta manera.

Y es que lo que caracteriza a la neurosis es la “ceguera”, el no darnos cuenta de lo obvio de tal manera que muchas veces vamos por la vida repitiendo las mismas lecciones y tropezando con las mismas piedras. Como decía, en el fondo de la neurosis existe un sentimiento más o menos crónico e inconsciente de insatisfacción, incompletud y carencia, que de una u otra manera la persona intentará compensar compulsiva y repetitivamente de distintas formas: comiendo, follando, mejorando y rindiendo culto a su imagen corporal, llenándose de conocimientos, buscando retos de los que alardear, etc. La ceguera respecto a esta forma de funcionar hace que dediquemos gran parte de nuestra energía en intentar satisfacer de esta manera el sentimiento de carencia e incompletud, en cierto modo es como si tuviéramos un parásito, es como llevar un alien dentro: se alimenta de uno mismo y de la fuerza vital, prometiendo una satisfacción y plenitud que nunca llegan y que nos alejan más y más de nuestra verdadera naturaleza, volviéndonos más y más neuróticos, insatisfechos y faltos de paz, buscando lo que nos falta en cualquier acción externa, evento o persona para alcanzar la anhelada satisfacción y completud aunque sepamos que nada ni nadie nos va a llenar.

freedom-1431380_1280La solución pasa por aprender a ver, por aprender a verse y a sentirse. Es un proceso que lleva años y que muchas veces necesita de ayuda externa. Implica entrenar la atención y la intención de distinta forma, hacer el propósito de no huir de sí mismo y de mirarse uno mismo y al mundo de la manera más honesta posible, cuando esto se hace parte de los mecanismos de defensa que empleábamos para no vernos ni sentirnos comienzan a desvanecerse, haciendo emerger las heridas emocionales y nuestros asuntos inconclusos y no resueltos, esto es doloroso y al mismo tiempo necesario, es la realidad que tenemos que asumir: si como decía Deshimaru nos hemos pasado media vida corriendo detrás de lo que deseábamos y otra media huyendo de lo que no nos gusta por pura lógica si dejamos de huir de nosotros mismos nos encontraremos con todo aquello de lo que escapábamos. Será un paso necesario pero sanar, pero tras este impasse y duro trago uno emerge más fuerte y auténtico, más en paz con uno mismo y con el mundo, el silencio y la soledad no incomodan o no lo hacen tanto y aparece un sentimiento de certeza y confianza de que uno ha hecho lo correcto.

El que esto escribe está en camino: desde muy joven me topé con mi neurosis y el sufrimiento que implicaba. Busqué en muchos sitios y en mucha gente, encontré lo que buscaba en ese momento en la Vía del Zen, en ciertas psicoterapias humanistas (bioenergética, reichana y terapia Gestalt) así como en el uso diligente y responsable de los estados expandidos de consciencia o estados holotrópicos. He aprendido y trascendido parte significativa de mi neura y mi sufrimiento, con lo que me queda estoy en ello, en camino: aún me pillo a veces huyendo del dolor emocional cuando aparece o cayendo en compensaciones, pero suelo darme cuenta y al poco actuar de otra manera. Sé que se puede sanar y vivir mucho más plena y satisfactoriamente porque lo he experimentado, sé que me queda mucho camino que andar y me siento con ganas y contento con esto, uno va cambiando su actitud y lo que antes eran dramas ahora se convierten en un retos, y lo que queda de drama es menos drama. Quiero acabar con una anécdota: recuerdo una vez que estaba hablando con el maestro zen Dokushô Villalba, me decía algo así como “vas muy bien, vas muy bien, paciencia, paciencia”, yo no paraba de poner peros y quejarme, en un momento dijo “¿tú te acuerdas como estabas la primera vez que llegaste aquí?” en ese momento todo cambió, comprendí y quedamos en silencio, sentía un estado de enorme gratiud… Tal y como aprendí del maestro Dokushô la gratitud es uno de los principales estados de gracia, ese sí es un buen termómetro para saber si nos estamos deshaciendo de la neurosis: en la medida en que espontáneamente experimentemos gratitud, plenitud y satisfacción en nuestra vida diaria significará que nos estamos deshaciendo de nuestra neurosis y viviendo la vida que nos merecemos por derecho de nacimiento.