cat-636172_1920

Sobre el papel de los animales en la curación: testimonio de uno de los psiquiatras y psicoterapeutas más importantes de nuestros tiempos

Me solían pedir mi opinión antes de dejar volver a casa a una persona anciana deprimida a la que le habían hecho un bypass o se recuperaba de una fractura de fémur. Se esperaba que yo interpretase mi papel y que añadiese mi propio «anti»: un antidepresivo o un ansiolítico (antiansiedad).

Los medicamentos no son «reguladores límbicos». Así pues, reuniendo todo el valor que podía, escribía mi recomendación en el historial médico: «En cuanto a su depresión, lo más beneficioso para este paciente sería procurarse un perro»

Al principio recibía llamadas de teléfono un tanto irritadas: «Le hemos consultado para que nos recomendase un antidepresivo, ¡no un parque zoológico! ¿Qué quiere que le escribamos en la receta? ¡En las farmacias no hay animales domésticos!» Y como a pesar de todas mis explicaciones no parecían convencer a nadie, excepto a mí mismo, acababan por recetar ellos mismos el antidepresivo.

No tardé en comprender que mi enfoque no resultaba eficaz y que acabaría por ganarme una reputación muy mala. Así que recurrí a una hoja impresa en la que había resumido distintos estudios científicos sobre el tema, y que añadía a mis conclusiones en el historial médico. Esperaba, de esta manera, llevar al conocimiento de mis colegas ciertos resultados notables que parecían ignorar.

Mi informe adjunto demostró ser muy eficaz, ya que nunca más se me hizo el mínimo comentario y dejé de oír risas burlonas a mi espalda. Aunque no creo que ni un solo paciente haya regresado a casa sin su receta de Prozac, ni con un gato…

Científicamente establecida o no, la idea de que una relación afectiva es en sí misma una intervención fisiológica comparable a un medicamento todavía no se ha abierto camino en la medicina.

 

Dr. David Servan-Schreiber, extraído de su libro “Curación emocional”