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Las enfermedades mentales se ceban con los refugiados

Yo no se si hay un cielo o un infierno más allá de esta vida, lo que sí se es que el cielo y el infierno están en este planeta y en cada uno de nosotros mismos.

No sólo en Siria, la dramática situación de los refugiados (el tener que huir de tu tierra para salvar tu vida por la intolerancia, la guerra y la miseria) genera muchísimo sufrimiento y predispone a heridas en el alma desgarradoras: no sólo 3 veces más de probabilidad de padecer esquizofrenia, también una incidencia muchísimo mayor de estrés postraumático (TEPT), depresiones y otros trastornos de ansiedad, esto es lo que se desprende de un estudio sueco del que se hace eco el diario el mundo.

Leo en el artículo del diario el mundo que enlazo abajo: “la población mundial de refugiados ha aumentado un 39% desde el año 2000 y sólo en 2015, 244 millones de personas en el mundo vivían fuera de su país de origen. La atención psicosocial a estas personas es esencial, “porque si no estás mentalmente fuerte es difícil que te rehagas”, pero denuncia que los recortes están afectando precisamente a esos programas.”

Creo, desde mi humilde opinión que no se debe permitir que el mundo lo dirija una economía que hace mucho que dejó de servir a la humanidad (si es que alguna vez lo hizo). A nivel internacional se invaden los países en conflicto que interesan a golpe de cañón y al resto se les suministran armas a escondidas. A nivel nacional la situación no es mejor, la mayoría de los gobiernos son esclavos de poderes mayores, esto es, grandes empresas y grupos de poder que dictan como se tiene que gobernar.

El cambio considero que comienza por el interior, por hacerse responsable de uno mismo, asumir las heridas propias para poder ser una persona  integrada e íntegra y así incrementar el nivel de consciencia. Con esto no digo que las reformas socioeconómicas y políticas no sean necesarias sino que sin esta condición de transformación interna son castillos en el aire, esta es la razón por la que creo que todas las revoluciones han fracasado en mayor o menor medida a lo largo de la historia: a la revolución exterior faltaba la interior y esta es igual de difícil y requiere el propio esfuerzo y el valor de mirarse uno mismo directamente.

Ya lo dijo Gandhi: “Se el cambio que quieres para el mundo

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