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Otro mundo es posible

La gran falta de nuestra civilización es la falta de amor: somos mamíferos sociales, potencialmente estamos dotados de la capacidad de amar, lo que el bebé espera al llegar al mundo es un medio acogedor y amoroso, un contacto piel a piel, un vínculo estrecho (que no asfixiante) y que sus necesidades sean satisfechas al mismo tiempo que se le permite ser él mismo.

Sin embargo, el nacimiento institucionalizado suele romper o dificultar seriamente el vínculo adecuado madre-hijo, además, una temprana escolarización en guarderías convencionales, que muchas veces parecen más parkings para niños que centros que atiendan a sus verdaderas necesidades de contacto y amor ayudan poco.

El resultado son adultos carentes, con sentimientos crónicos de insatisfacción y vacío, esto es, buenos consumidores, corderitos buenos que se dejan guiar mansamente o ovejas descarriadas con una carga de hostilidad no operativa que no lleva a nada bueno.

Necesitamos de la ternura y necesitamos de la agresividad sanamente entendidas. Para desarrollar la confianza hace falta apoyo mutuo, rodearse de personas buenas y valientes que se esfuercen junto a nosotros por salir de la zona de confort… Pastilla roja, pastilla azul ¿cuál tomas para el desayuno?

Otro mundo es posible pero el cambio comienza en uno.